Biblioteca okupada autogestionada en Rivas-Vaciamadrid

Jóvenes ocupan la biblioteca de Rivas, cerrada sin estrenar hace 6 años.
Iba a ser la Biblioteca Central de Rivas-Vaciamadrid. De esto hace seis años y todavía no lo es: se quedó en una carcasa vacía…
BOA
Pero el viernes de madrugada, media docena de jóvenes de esta emblemática ciudad con alcaldes de Izquierda Unida (IU) desde hace veinte años, se cansaron de esperar e irrumpieron en el moderno edificio. En cuanto se enteraron de la ocupación, las mismas autoridades que no han demostrado ninguna prisa en procurar el funcionamiento de la biblioteca, enviaron a la Guardia Civil y a la Policía Local. Los agentes ficharon a más de treinta jóvenes que apoyaban a los ocupantes y abandonaron el lugar.

“No hubo ningún detenido, pero nos pidieron el carné e identificaron sistemáticamente a todos los nos acercamos para apoyar la ocupación desde fuera”, dijeron al cronista los jóvenes promotores del Centro Social la BOA, unas siglas que significan Biblioteka Okupada Autogestionada. No hay que descartar que les lleguen multas, tan injustas como desproporcionadas. Los agentes quitaron una pancarta que los jóvenes habían colocado, pero éstos la han vuelto a colgar y mantienen la ocupación. En un país de obras inútiles, autopistas sin coches, aeropuertos sin aviones…, vale la pena detenerse en lo que está ocurriendo con la biblioteca sin libros de Rivas-Vaciamadrid.

Esta ciudad que surgió de la nada en los años ochenta, entre el vertedero de la capital junto a la famosa Cañada Real Galeana y el antiguo pueblo de 400 vecinos, cerca del Jarama y el histórico Puente de Arganda, supera en la actualidad los 70.000 habitantes y sólo cuenta con dos pisos habilitados como bibliotecas, uno en el barrio de Covibar y otro en el pueblo antiguo. La necesidad de una biblioteca central llevó al Ayuntamiento de izquierda a convenir con el gobierno de la Comunidad de Madrid, presidido por la derechista Esperanza Aguirre la construcción de la llamada Biblioteca Central.

El municipio cedió una parcela en la avenida Pablo Iglesias, una de las principales de la ciudad, y el edificio, con un coste superior a un millón de euros se contruyó en un tiempo record: cuatro meses. Según los carteles propagandísticos, perfectamente instalados hace siete años, el Ayuntamiento aportaba el 48,53% del coste y la Comunidad el restante 51,47. Pero desde la finalización de la obra, en el otoño de 2007, el edificio quedó cerrado, sin mobiliario y, por supuesto, sin libros. El argumento de los munícipes consiste en que el gobierno madrileño se ha desentendido de sus obligaciones y no ha aportado el dinero necesario para que la biblioteca funcione.

Y aparte la inquina política de Aguirre y de su sucesor dactilar, Ignacio González, hacia las formaciones de izquierda que gobiernan en Rivas, el Ayuntamiento tampoco ha encontrado los recursos necesarios para poner en marcha la Biblioteca Central, cuyo moderno edificio, con una extraña estructura metálica en la fachada, presenta algunos signos de deterioro exterior. Vale añadir que a falta de mobiliario y de libros, las instalaciones –luz, agua, cámaras de videovigilancia y una red informática con ordenador central y capacidad para más de ochenta conexiones– están completas y funcionan perfectamente. La construcción era el negocio.

En esta tesitura, el fantasmal edificio, rodeado de una valla que se tambalea con el viento, con adoquines, palieres y restos de material de construcción esparcidos por la parcela, cerrado a cal y canto desde hace seis años, ha comenzado a cobrar vida gracias a los jóvenes ocupantes que se turnan desde el lunes. En sus pasquines explica que “la BOA (Biblioteka Ocupada Autogestionada) era un espacio abandonado, un recurso sin usar, a la espera de un dinero que no se sabe si llegará algún día, pues aquellas personas que están en el poder prefieren utilizarlo para otros fines. Ahora la BOA es un espacio abierto a cualquiera, a propuestas e ideas; un lugar en el que se van a llevar a cabo talleres, charlas, asambleas, conciertos…, un espacio para las vecinas y vecinos que quieran participar y que, junto a nosotr@s, quieran desarrollar el proyecto”.

De momento, los jóvenes de la BOA han comenzado a limpiar el edificio y esperan el apoyo de la población a su iniciativa. Van a pedir muebles y libros a los vecinos, las empresas y las instituciones, y tienen en mente iniciativas sobre trueque y cooperación, talleres de Internet, redes sociales y un amplio etcétera. Pero, sobre todo, esperan que las autoridades no lleguen con una orden judicial de desalojo. A su incompetencia manifiesta añadirían el abuso y el escándalo.

— con Gos Lodi, Okupa Tutambien, Ana Blanco Rúa, Kuervo A Secas, Indio Insurrecto Warcelona, Spizbull Toldia, Ana Rkia y Eugenia Diaz.

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